miércoles, diciembre 4

Acabó siendo al reves

Ella tan dulce y envuelta en una vida amarga. Conoció a aquel amor de primavera que más tarde supo marchitaría en otoño, como buena flor, como buena hoja pero jamás como el amado musgo. Todo empezó unas 4 de la madrugada entre edredones y acabó dos cuartos más allá en la ventana de la cocina a las 11 de la noche. Aquella no era la primera vez que entraba en sus pantalones, aquella no era la última vez que salía regando lágrimas.

Creía ya no estar sola, ahí estaba él... hasta meses después no supo cuantísimo le estaba quitando o realmente lo que se estaba dejando quitar. Él era hielo mudo fardando de ser fuego en silencio. Eso si conseguía sacar las mejores sonrisas de una comisura que anhelaba el aliento dulce de un forastero.

Las noches las pasaban entre historias, los días entre fogones. Todo acabó siendo un gran teatro protagonizado por una mente floja y un corazón oculto. Cuanto más difícil lo veía ella más fácil lo veía él pero acabó siendo al revés.


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